Bosque Protector y Ecoalbergue

PRESENTACION

Todo comenzó como un hogar. Luego de 16 años mayormente como naturalista en Galápagos (un año en la amazonía, dos años y medio en E.U.A. estudiando zoología), Orlando llegó a Vilcabamba, se enamoró del valle y encontró su lugar perfecto al lado del río Chamba.

Allí construyó su casa y habiendo terminado, fue a visitar su país natal, Argentina, donde conoció -y pronto desposó- a Alicia, una bióloga. Ambos continuaron juntos como guías naturalistas en las Islas Galápagos durante casi 2 años. Después -en 1991- se mudaron definitivamente a Vilcabamba, a recibir a su primer bebé, Melissa, en su hogar. Pronto le siguieron Omar y Lucas.

Hasta ahí, solo el comienzo. Sensibles a los ecosistemas saludables y a la belleza natural gracias a sus experiencias en Galápagos, se sintieron horrorizados por la extinción masiva de la naturaleza original, aproximándose a Vilcabamba desde un semicírculo occidental.

Como parte de la Zona de Amortiguamiento de una de las áreas nacionales de mayor biodiversidad en el mundo –el Parque Nacional Podocarpus- nuestro pequeño “valle de longevidad” disfruta de un flujo constante de turistas de todo el planeta, quienes aprecian su suave y tranquila atmósfera mientras reponen fuerzas de sus largos viajes continentales. Muchos llegan a reconocer, algo sorprendidos, que Vilcabamba constituyó quizás su más grata visita. Y la recomiendan a otros. Con ello crean un sitio de encuentro, donde a menudo lo último que se tiene en mente es la idea de longevidad. Como si fuese la calidad y no la duración, lo que importase de la vida humana.

No obstante el encanto de Vilcabamba, resta el hecho de que avanza un proceso de desertificación. Ello se debe al insignificante valor que tienen los ecosistemas en la economía actual. Valor tan bajo a decir verdad, que los campesinos optan por prender fuego a la inmensamente rica y diversa naturaleza que poseen, tan solo para obtener magras cosechas estacionales por pocos años antes que la tierra pierda fertilidad para casi todo, excepto pastos y matorrales espinosos. Algunas vacas, burros y caballos devienen en los usuarios finales de estas escarpadas montañas, y ello solo 3 ó 4 meses por año, mientras duran las lluvias.

Este apremio amenaza ahora eliminar los últimos remanentes ecosistémicos naturales de la provincia de Loja. Solo quedan en un 8 a 10 % del territorio lojano, que otrora fué llamado por el gran explorador Alexander Von Humboldt “…el jardín botánico del Ecuador”. La mayor parte de ellos está débilmente protegida por la declaratoria de Parque Nacional Podocarpus (el nombre proviene del único género de árboles de coníferas tropicales andinas -una reliquia del pasado geológico). Es por lo tanto, de imperiosa necesidad implementar modelos alternativos, cuya principal prioridad sea detener los incendios forestales y toda otra forma de degradación ambiental, por medio de la valoración -también en términos monetarios- de nuestra Herencia Natural.

Es a este nivel donde debe intervenir la comunidad internacional. De hecho, eso es lo que precisamente ha estado haciendo -más o menos conscientemente- desde que el ecoturismo, junto con un cariño ambiental, tomó precedencia.

El Bosque Protector y Ecoalbergue “Rumi Wilco” representa uno de tales  modelos alternativos. Un grupo de propietarios de tierras colindantes con las de Alicia y Orlando, accedieron a mancomunar sus terrenos boscosos y gestionar ante el estado ecuatoriano la legitimación para la conservación de la biodiversidad contenida en ellos,de manera formal.

Tal apoyo llegó cuando el 14 de Julio del 2000, el Ministerio del Ambiente concedió el status de “Bosque y Vegetación Protectores” a dicho territorio (Acuerdo Ministerial # 49. Registro Oficial 145, Agosto 21, 2000).

Financiamiento esencial del proyecto Rumi Wilco lo obtiene el ecoalbergue que, con la provisión de casas de madera, adobe y teja, estratégicamente emplazadas en torno del área protegida, recibe un número creciente de viajeros. Lo bello de este modo de protección privada de la naturaleza, está en las múltiples maneras de participar, disponibles a los visitantes mundanos. El mero hecho de hacer una elección consciente respecto del lugar donde se alojarán, donde sus ingresos están siendo reciclados hacia un esfuerzo conservacionista real y lucrativo, significa entonces una oportunidad de turismo responsable. Trabajo voluntario y acreditado -tanto físico como mental- en la Reserva Ecológica, constituye otra manera de reciprocar por su feliz recompensa.

La gente de Vilcabamba estará observando atentamente el éxito del Bosque Protector Rumi Wilco. Si ella percibe la importancia y dedicación que los visitantes brindan a su propio paraíso tropical, también querrá sin duda salvar sus recursos ambientales valiosos y tratar de hacer algo semejante con ellos. Y ojalá que así sea.